Fases de la metodología EML
1.- Análisis de la participación
Las etapas del análisis de participación son las siguientes:
· Identificar a todos los agentes sociales - sean grupos,
instituciones, autoridades entre otros, que se encuentren presentes y activos
en el área de intervención, y que muestren problemas o intereses
significativos.
· Analizar si estos colectivos identificados forman cuerpos
coherentes o existe algún tipo de unidades menores con particularidades específicas.
Esto es particularmente pertinente cuando se establecen categorías sumamente
amplias: campesinos, mujeres, indígenas, e.t.c. Hay que tener en cuenta que
habitualmente las comunidades no constituyen conjuntos tan homogéneos como un
análisis superficial hace suponer.
· Caracterizar y analizar a cada uno de los agentes identificados.
Los criterios para la realización de estos análisis dependen de cada
institución y de cada circunstancia. En este sentido, existe en la actualidad
una multiplicidad de técnicas y criterios utilizados por diferentes
organizaciones. Se pueden citar, sin pretensiones de ser exhaustivos: los
análisis de vulnerabilidad / capacidad; o los diagramas de Venn; los perfiles y
las estrategias de vida; los mapas sociales o las clasificaciones por niveles.
2.- Análisis de los problemas
· Identificar todos los problemas que nos parecen importantes
y que afectan a los colectivos que hemos calificados como beneficiarios
directos. Cada problema debe ser escrito en una tarjeta. Se debe intentar
escribir los problemas como “situaciones negativas existentes”, con un
enunciado claro y conciso.
· Entre todos los problemas identificados es necesario
determinar cuál es, a juicio del equipo de planificación, el problema central o
focal. La tarjeta seleccionada se coloca en solitario en un panel.
3. -Análisis de los objetivos
· Es necesario trasladar los contenidos de cada
tarjeta-problema a una tarjeta-objetivo; es decir, se trata de convertir las
situaciones negativas detectadas en estados alcanzados positivos. Esta
reconversión presenta en ocasiones dificultades e incluso resulta claramente
incongruente. Hay que tener cuidado en la redacción de los objetivos para que resulten
mínimamente realistas. Lo habitual suele ser redactar los objetivos como situaciones
alcanzadas, abusando en ocasiones de los participios .
· Es habitual que existan determinados problemas que no pueden
ser convertidos, a pesar de toda nuestra buena voluntad, en objetivos, porque
son claramente irresolubles. Esos problemas son los que identificamos en
nuestra vida cotidiana con las desgracias. Un problema siempre presenta alguna
posibilidad de solución, mientras que una desgracia es, por definición, algo
que nos abruma y frente a la que no queda más remedio que la resignación.
“Estar enfermo” es un problema, “morirse” constituye una desgracia. Cuando identificamos
algún problema-desgracia de este tipo, éste pasa sin modificación al árbol de objetivos.
Estas situaciones negativas no modificables hacen referencia tanto a cuestiones
de orden natural, como a grandes problemas cuya resolución escapa a la
capacidad de actuación. Los terremotos, la inflación, la caída de los precios
de un determinado producto en los mercados internacionales… constituyen claros ejemplos
de esos problemas que tienen cuando menos una conversación difícil en objetivos
de desarrollo.
· Una vez transformadas las tarjetas -problemas en tarjetas
-objetivos, con las excepciones antes mencionadas, es necesario volver a
comprobar que la relación medios -fines resulta coherente en el nuevo árbol de
objetivos. En este caso la pregunta de control es ¿cómo? Y las respuestas a
esta pregunta deberán ser las tarjetas situadas en los niveles inferiores. Dicho
de otra manera, las tarjetas situadas en la parte baja del árbol de objetivos constituirán
los medios para alcanzar los enunciados de las que se encuentran situadas hacia
arriba.
4.- Análisis de las alternativas
· Identificar las “raíces” medios -fines dentro del árbol de
objetivos que tienen una cierta coherencia interna. Normalmente no se seleccionan
todas las opciones posibles. En función de los recursos disponibles y de los
principales intereses del agente simplificado, la primera lección se limita a
unas cuantas estrategias consideradas de antemano como las más idóneas.
· En general, no se selecciona nada por encima de la tarjeta
que es la transposición del denominado problema focal –en el árbol de objetivos
no existe un “objetivo focal”-, pues resultará excesivamente ambicioso. De
todas maneras, esa cuestión depende del tipo de análisis efectuado con
anterioridad.
· Una vez seleccionadas las alternativas consideradas más
idóneas o adecuadas, se efectúa la fase de la valoración propiamente dicha.
Todas las opciones son valoradas en función de una serie de criterios que el
equipo de planificación considere significativos. Esas valoraciones pueden ser
de carácter cualitativo o cuantitativo. La ventaja esencial de las valoraciones
cuantitativas es su posibilidad de comparación, además de la sensación de
seguridad que el uso de la expresión numérica puede proporcionar a muchas
personas e instituciones. De todas formas, no hay que olvidar que sólo puede
cuantificarse lo que previamente ha recibido una valoración cualitativa.
· Una vez efectuada esa valoración, se deduce la estrategia
que constituye la base del futuro diseño del proyecto. Dentro de la alternativa
seleccionada, es preciso determinar la tarjeta concreta que se convertirá en el
objetivo del proyecto. En otras ocasiones la selección de alternativas es, de
hecho, una comparación entre objetivos, por lo que este último paso es
prácticamente automático.
· Cuando el objetivo del proyecto se encuentra ya definido,
el análisis de alternativas y la propia identificación pueden darse por
concluidos. A partir de ese momento, comenzaría la fase de diseño del proyecto.
5.- Matriz de planificación del proyecto
La MPP, con su estructura de celdas o casillas, recoge y
ordena racionalmente, los principales contenidos del diseño del proyecto de
desarrollo.
En las diversas celdas se expresa lo que el proyecto quiere
conseguir, que será necesario hacer para lograrlo, los recursos/insumos
precisos para ello y sus costes individuales, los criterios para apreciar el
desempeño del proyecto, mediante que procedimientos o informaciones se podrá comprobar
la evolución de estos criterios, los elementos no controlables por la gestión
del proyecto necesarios para la buena marcha del proyecto, así como las condiciones
que se deberán dar para que el proyecto pueda empezar a ejecutarse.














